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sábado 24 de junio del 2017

Nosotros presentamos ambos lados … escoge el tuyo!

¿Las opciones de Maduro?

 

Lo que está en juego en Venezuela y las opciones de Maduro

A fines de marzo el máximo tribunal emitió dos sentencias en las que asumió los poderes de la Asamblea Nacional y limitó la inmunidad de los legisladores. Aunque los fallos fueron revertidos rápidamente, los líderes de la oposición sostienen que el gobierno socialista reveló sus verdaderas ambiciones dictatoriales. El gran temor es que se repitan los disturbios y saqueos que sacudieron Caracas en 1989 y dejaron cerca de 300 muertos o los disturbios antigubernamentales en 2014 resultó en más de 40 muertos y decenas de arrestos. 75% de los venezolanos quieren que Maduro se vaya, mientras cerca de 20% lo apoya.

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Venezuela atraviesa una fuerte tensión entre el gobierno, que lucha por permanecer en el poder, y una oposición energizada que exige elecciones presidenciales inmediatas. Las protestas, que han dejado ocho muertos, comenzaron tres semanas atrás cuando el Tribunal Supremo de Justicia asumió los poderes del Congreso, controlado por la oposición, y limitó la inmunidad de los legisladores. El presidente Nicolás Maduro pidió al Tribunal revisar sus sentencias en medio de una avalancha de críticas locales e internacionales. Pero el intento de controlar al Legislativo recrudeció un malestar social de larga data alimentado por una profunda crisis económica. Decenas de miles de manifestantes inundaron las calles nuevamente el jueves luego de que el gobierno tomó una planta de General Motors en la primera intervención de una gran compañía en dos años.

 

CÓMO COMENZARON LAS PROTESTAS

La oposición se anotó una aplastante victoria en los comicios legislativos de 2015 en medio de la creciente frustración por el manejo de la economía. Los líderes de la oposición se comprometieron a buscar la expulsión de Maduro del poder por medios constitucionales, pero el Tribunal Supremo de Justicia -señalado de estar controlado por el gobierno- obstaculizó cada paso. A fines de marzo el máximo tribunal emitió dos sentencias en las que asumió los poderes de la Asamblea Nacional y limitó la inmunidad de los legisladores. Aunque los fallos fueron revertidos rápidamente, los líderes de la oposición sostienen que el gobierno socialista reveló sus verdaderas ambiciones dictatoriales. El país ha visto protestas casi diarias desde entonces.


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LO QUE ESTÁ EN JUEGO

El gran temor es que se repitan los disturbios y saqueos que sacudieron Caracas en 1989 y dejaron cerca de 300 muertos. Otra oleada de disturbios antigubernamentales en 2014 resultó en más de 40 muertos y decenas de arrestos. Venezuela tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo y un enorme número de armas de fuego circulan por las calles. Estas son una gran preocupación en caso de disturbios, así como las actividades de bandas de motociclistas armados que se han mostrado leales al gobierno.

 

ESTADO DE LA ECONOMÍA

Se prevé que la economía experimente un retroceso de 8% este año y el Fondo Monetario Internacional estima que la inflación se disparará a cuatro dígitos el próximo año. Las reservas de divisas han caído drásticamente.El petróleo financia 96% de los ingresos que recibe el país por exportaciones y la caída de los precios mundiales del petróleo golpeó duramente al gobierno, dejándolo sin fondos para atender compromisos tales como el pago de deudas con las aerolíneas extranjeras y empresas de servicios petroleros. Los precios del crudo, que subieron alrededor de 60% este año después de alcanzar un mínimo en 13 años, podrían comprarle a Maduro algo de tiempo para intentar arreglar la economía. Un nuevo préstamo de China también podría ayudar, pero el mayor acreedor de Venezuela ha dejado de otorgar créditos. El gobierno venezolano ya ha tomado muchos activos de corporaciones extranjeras. General Motors dijo el jueves que su planta en el país había sido incautada, lo que hizo detener sus operaciones en la nación sudamericana.


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OPCIONES DE MADURO

Según las encuestas 75% de los venezolanos quieren que Maduro se vaya, mientras cerca de 20% lo apoya. Ese es el porcentaje más alto de respaldo comparado con sus pares de Brasil, Chile y Colombia. Más importante aún, Maduro mantiene un estrecho control sobre casi todas las ramas del gobierno y otras instituciones, aunque el apoyo dentro del gobernante partido socialista se está erosionando.La oposición está dividida y ha tenido dificultades para conectarse con la gente pobre que todavía venera al fallecido presidente Hugo Chávez. Tanto los miembros radicales de la oposición como los moderados quieren mantener las protestas callejeras e impulsar nuevas elecciones generales.


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LOS MILITARES

Históricamente los militares en Venezuela han sido el árbitro de las disputas políticas y algunos opositores están tratando de estimular a los jefes castrenses a tomar medidas para resolver el actual estancamiento. Sin embargo, Chávez y Maduro han sido hábiles para ganarse a los altos mandos a través del padrinazgo y puestos en el gobierno y no hay signo externo de descontento ni siquiera en los niveles inferiores.Una pregunta sin respuesta es si los militares usarán la fuerza pesada como lo hicieron durante los disturbios antigubernamentales en 2014.

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El desgaste en las calles

“El que se cansa, pierde”. Con un estoicismo que todavía no da señales de agotarse, los ciudadanos de oposición acuden día tras día a la cita en las calles, a sabiendas de que serán repelidos, en el mejor de los casos, por los piquetes bien armados de los cuerpos de seguridad. Nicolás Maduro enfrenta la peor crisis económica en la historia del país, sin solución a la vista. Las fisuras empiezan a manifestarse en el oficialismo, como consecuencia de esta presión.

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“El que se cansa, pierde”, fue un lema que impuso el hoy encarcelado dirigente Leopoldo López durante las protestas callejeras, coloquialmente llamadas guarimbas, que en 2014 brotaron en las mayores ciudades de Venezuela. Es una consigna a la que ahora parecen plegarse Henrique Capriles Radonski —gobernador del estado de Miranda y dos veces excandidato presidencial— y la plana mayor de la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Para sorpresa de sus adversarios del chavismo y, quizás, de muchos de sus propios partidarios, los líderes de la coalición opositora convocaron a otra movilización masiva en Caracas, “a la misma hora y en los mismos lugares”, apenas horas después de terminar la que habían descrito como “la madre de todas las marchas”.

La decisión eleva la apuesta del sector opositor y, en particular, de Capriles, que ponen en riesgo su capital político. Una concurrencia magra ante el llamado este jueves pondría en entredicho la capacidad de convocatoria de los líderes, siempre bajo la mira cuestionadora de las diferentes facciones que componen la MUD.

Pero también es cierto que el espíritu insurreccional que se ha sembrado en las calles de las ciudades venezolanas, al que la represión por ahora parece alimentar en vez de aplacar, ofrece una oportunidad única para virar la estrategia opositora hacia una confrontación abierta y de desgaste. Es el mensaje implícito en el llamado de Capriles: se ha entrado en una nueva fase en la que se hace necesario mantener la presión sobre el Gobierno.

“Es momento de resistir para avanzar”, dijo el gobernador en su intervención del miércoles en la noche, al final de una jornada de protestas que se saldó con las muertes de dos manifestantes y un agente de la Guardia Nacional.

El cansancio cunde en las filas opositoras. Desde que comenzó la presente ola de protestas, hace tres semanas tras un fallo del Tribunal Supremo que la oposición y varios organismos internacionales juzgaron como un autogolpe de Estado apenas velado, ya suman ocho los fallecidos, alrededor de 100 heridos y más de 500 detenidos. Con un estoicismo que todavía no da señales de agotarse, los ciudadanos de oposición acuden día tras día a la cita en las calles, a sabiendas de que serán repelidos, en el mejor de los casos, por los piquetes bien armados de los cuerpos de seguridad. En el peor, podrían toparse con la violencia sin normas de los llamados colectivos, los grupos de choque del chavismo.

Sin embargo, en el bando contrario la situación luce aún más descorazonadora. El régimen de Nicolás Maduro enfrenta la peor crisis económica en la historia del país, sin solución a la vista. La producción de la industria petrolera sigue en picada y el pronóstico para los precios del petróleo no es bueno. Mientras, la actividad económica, ya menguada, amenaza con paralizarse del todo en medio de los disturbios.

Por primera vez en sus casi dos décadas en el poder, la revolución bolivariana convive con un escenario internacional adverso. Sus pares de Mercosur ya la han puesto en cuarentena mientras en la Organización de Estados Americanos (OEA) avanza el proceso de activación de la Carta Democrática Interamericana, que aumentaría el aislamiento del régimen de Caracas. Cada víctima mortal por la represión a las manifestaciones es un folio adicional en el expediente que acumulan los organismos multilaterales contra Caracas.

Las fisuras empiezan a manifestarse en el oficialismo, como consecuencia de esta presión. Según se acentúen la conflictividad y los costos de la represión, aumentarán las disidencias internas. En el cálculo opositor, ello puede debilitar al régimen y ayudar a conformar un ala con la que se pueda negociar una transición.

Al mismo tiempo y por el contrario, la épica de la insurgencia callejera ha permitido a la oposición, por primera vez en mucho tiempo, mostrarse unida no solo entre su dirigencia, sino además alineada con las aspiraciones de unos seguidores que ya no quieren más apaciguamiento. Se trata de un beneficio adicional al que difícilmente la dirigencia opositora quiera renunciar de inmediato, pero que augura más enfrentamientos.

 

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