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sábado 24 de junio del 2017

Nosotros presentamos ambos lados … escoge el tuyo!

¿Los militares a favor de Maduro?

 

¿Por qué los militares apoyan a Nicolás Maduro?

Poder institucional, poder corruptor y miedo, pero no sólo son los militares los que sostienen a Maduro.

Tiempo de Lectura 2 Minutos

Caracas.- Casi todo escasea, no hay dinero que aguante la brutal inflación, el rechazo popular es enorme y el desprestigio internacional creciente. ¿Por qué en la peor crisis de Venezuela en décadas los militares apoyan al presidente Nicolás Maduro?

Poder institucional 

Si bien la Fuerza Armada tenía amplio poder durante el gobierno del fallecido teniente coronel Hugo Chávez (1999-2013), éste ha crecido con Maduro, cuya gestión rechazan siete de cada diez venezolanos.

Un militar activo y diez en retiro ocupan 11 de 32 ministerios, incluidos los de Defensa, Agricultura y Alimentación.

La Fuerza Armada, que ha jurado "lealtad incondicional" a Maduro, controla la producción y distribución de alimentos básicos -en grave escasez-, además de una compañía petrolera, una televisora, un banco, una ensambladora de vehículos y una constructora.

Para el analista Benigno Alarcón, al menguar su base electoral el gobierno decidió conservar el poder "por la fuerza" y "compró la lealtad" de quienes se lo garantizan, incluso más allá de los cuarteles.

"Lo hace pagándoles mucho más o dándoles posiciones desde las cuales se puedan enriquecer", señaló Alarcón a la AFP.

Según el mayor general Clíver Alcalá, quien ayudó a restituir a Chávez durante un fugaz golpe de Estado en 2002, la Fuerza Armada tiene 1.000 generales, cuando solo requeriría 200.

"Eso hace que cuiden el puesto, no asuman riesgos, porque hay 800 esperando", comentó a la AFP este oficial chavista, crítico de Maduro (elegido hasta 2019).

Venezuela tiene 165.000 efectivos militares y 25.000 en reserva, además de miles de integrantes de una milicia civil.

Salvo el Parlamento de amplia mayoría opositora, el chavismo controla todo el aparato estatal.

"Poder corruptor"

Varias instituciones que manejan los militares son acusadas de corrupción por dirigentes opositores, pero esa mano oscura iría más lejos.

"Hay informes que alegan que varios tienen vínculos muy estrechos con narcotráfico y otras formas de criminalidad", dijo a la AFP Michael Shifter, presidente del centro de análisis Diálogo Interamericano, basado en Washington.

Oficiales como el ministro de Interior, general Néstor Reverol, o el exdirector de inteligencia Hugo Carvajal son acusados por la justicia estadounidense de tráfico de drogas.

Alarcón observa que el presidente también ha puesto a los uniformados en cargos clave para ejercer una suerte de chantaje. Son responsabilidades que los hacen "vulnerables" a que les abran "expedientes por violaciones de derechos humanos, lavado de dinero o narcotráfico".

"Es como si estuvieras en un barco que se está hundiendo, la gente que más va a cooperar para que no naufrague es la que no sabe nadar", ilustró.

Alcalá sostiene que "hay un grupo de militares corruptos que vende la idea de sostener a Maduro", con el cual no se identifica la mayor parte de la institución. "Maduro fue inteligente al involucrar a la Fuerza Armada en cuestiones de difícil solución como la escasez, pues la hizo parte del problema", apunta.

Miedo 

Ante ello algunos oficiales respaldarían a Maduro, más que por convicción, por temor a una cacería de brujas.

"Hay una Fuerza Armada asustada porque muchos sienten que su libertad, su vida, su patrimonio dependen de mantener la estabilidad del gobierno. Piensan que con la oposición en el poder van a ser perseguidos", opina Alarcón.

El opositor Julio Borges, presidente del Parlamento, admite que ese miedo es una de las "trancas más grandes" para que haya un cambio de gobierno, pues a su juicio a Maduro solo lo sostiene la cúpula castrense.

"Si no desatamos ese nudo podemos pasar décadas teniendo la misma película", opinó Borges, quien el jueves llamó a los militares a romper su silencio frente a lo que denunció como un "golpe de Estado" de Maduro contra el Legislativo.

El diputado plantea incluso un sistema de "justicia transicional" al que se puedan acoger los oficiales involucrados en delitos.

Más allá del camuflaje 

Pero no solo los militares sostienen a Maduro, enfrentado a un cóctel explosivo que quizá en otro país ya le hubiera costado el puesto a un presidente.

Tras la aplastante victoria en las legislativas de 2015, la oposición chocó contra el muro institucional del chavismo y terminó dividida -una vez más- en torno a cómo anticipar la salida de Maduro y un fracasado diálogo para resolver la crisis.

Todo ello en medio del colapso económico (la inflación cerraría este año en 1.660% según el FMI) y una criminalidad galopante.

No hay un liderazgo que "enamore" a las masas o les haga sentir "pasión por el cambio", dice el analista Luis Vicente León. (I)

 

 

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La pugnaz pelea entre Maduro y los militares

¿Hasta dónde llega la influencia militar en su gobierno? 12 ministerios claves están en cabeza de uniformados, seis activos y cuatro retirados. Además, 13 de los 20 gobernadores regionales apoyados por el chavismo son militares jubilados. Mantener contentos a los uniformados no es fácil, sobre todo cuando no hay espacio para todos. El 2 de julio, Nicolás Maduro ascendió a 195 nuevos generales y almirantes de la Fuerza Armada, que se sumaron a los 886 ascendidos en los últimos cinco años.

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Como a la espera de una tormenta tropical, el panorama político venezolano no hace más que oscurecerse. Los medios internacionales más importantes comienzan a registrar el drama del desabastecimiento, y la foto de la multitud que cruzaba el puente fronterizo hace dos semanas, para comprar alimentos en Cúcuta, le dio la vuelta al mundo. La crisis, con una proyección inflacionaria de al menos 733 por ciento para el cierre de 2016, no perdona bolsillo.

En ese ambiente enrarecido, la oposición dio el lunes un paso más hacia el referendo revocatorio cuando el Consejo Nacional Electoral por fin validó las firmas para convocarlo. Pero nada garantiza que el gobierno acepte celebrarlo antes de que se cumpla el plazo para que una eventual destitución de Nicolás Maduro conduzca a nuevas elecciones. Y en el campo internacional, la Unasur le dio un duro golpe diplomático al rechazar que Caracas asuma la presidencia de ese grupo multilateral (ver en Notas Mundo).

Por eso, mientras Maduro parece bloqueado dentro y fuera del país, muchas miradas se dirigen hacia el estamento militar, que también fue escenario de dos extraños nombramientos en los últimos días. El 11 de julio, Maduro nombró al general en jefe Vladimir Padrino López al frente de la Misión Abastecimiento Soberano y ordenó a todos sus ministros y las instituciones asumir la “subordinación absoluta” a sus órdenes y las del militar. El diputado opositor Armando Armas, vicepresidente de la Comisión de Defensa de la Asamblea Nacional, aseguró que “en Venezuela hay dos presidentes ‘de facto’”.

Vladimir Padrino López debió pasar a retiro el 5 de julio, pero Maduro lo confirmó como ministro y comandante estratégico operacional de la Fuerza Armada. El alto oficial, quien se mantuvo leal a Hugo Chávez en el golpe de Estado de 2002, personifica un nuevo modelo de poder compartido en el país.

Como si lo anterior fuera poco, el martes el presidente anunció en su programa En contacto con Maduro que acababa de nombrar ministro del Interior nada menos que al general Néstor Reverol, acusado por Estados Unidos de recibir pagos de narcotraficantes a cambio de alertarlos ante operaciones en su contra, obstaculizar las investigaciones y conseguir por cualquier medio la excarcelación de narcos presos.

¿Hasta dónde llega la influencia militar en su gobierno? Con esos nombramientos, 12 ministerios claves están en cabeza de uniformados, seis activos y cuatro retirados. Además, 13 de los 20 gobernadores regionales apoyados por el chavismo son militares jubilados.

Mantener contentos a los uniformados no es fácil, sobre todo cuando no hay espacio para todos. El 2 de julio, Nicolás Maduro ascendió a 195 nuevos generales y almirantes de la Fuerza Armada, que se sumaron a los 886 ascendidos en los últimos cinco años.

Según Rocío San Miguel, presidenta de la ONG Control Ciudadano, en Venezuela hay 1.200 generales de un total de 115.000 efectivos. Asegura que el Ejército de Estados Unidos, con 1,4 millones de efectivos, tiene una cantidad similar de generales.

En Venezuela hacer carrera burocrática también sirve para ascender. Un ejemplo es Carlos Rotondaro, presidente del Instituto de Seguridad Social, quien asumió el cargo en 2007 siendo mayor y en 2016 fue nombrado general de división, cuatro jerarquías más arriba. Su caso es similar al de Pedro Alastre López, hoy general de brigada a pesar de haber estado fuera desde que, en 1994, fue dado de baja siendo mayor tras participar en la intentona de Chávez de dos años antes.

Alastre López incluso ejerció varios cargos civiles, incluyendo una alcaldía, para luego ser reincorporado al servicio activo por Maduro en 2013 y ocupar desde 2014 la presidencia de Corpozulia, un instituto de desarrollo regional. “Año tras año fue ascendiendo (…) quien en su momento fue el último de su promoción de la Academia Militar”, publicó el opositor semanario TalCual.

Ser general trae beneficios económicos. Por ejemplo, la escala salarial de los militares es mucho más jugosa que la de los funcionarios civiles. Un general en jefe puede cobrar un salario base de casi 60.000 bolívares, casi el doble que un profesional universitario con más de 25 años de experiencia en el sector público. La diferencia se mantiene en toda la escala.

No es extraño ver en Venezuela a los militares en autos lujosos, con grandes inmuebles y tierras. Sin contar las denuncias de corrupción que señalan a los que tienen mando en pasos fronterizos -acusados de beneficiarse del contrabando- o en vigilancia antinarcóticos, cuando se van acumulando casos de uniformados capturados con drogas.

Y ser militar otorga beneficios sociales. Más allá de los salarios más robustos que los de educadores o médicos, cuentan con una estructura de abastecimiento dedicada. No obstante, el entorno es tan complicado, que eso no basta cuando la cantidad de alimentos en el país es poca, independientemente de si se prioriza su distribución.

Pero la procesión va por dentro, so pena de castigos. El historiador, profesor universitario y conocedor de asuntos militares Luis Alberto Buttó recuerda que la Ley de la Fuerza Armada Nacional prohíbe que los militares se manifiesten públicamente y establece que los reclamos son de responsabilidad individual y no grupal. Por eso nunca habrá protesta alguna y quien decide hablar lo hace bajo estricto anonimato.

Dos oficiales activos de la Fuerza Armada consultados por SEMANA aclaran que el descontento es una cosa y la posibilidad de un alzamiento militar contra el gobierno es otra. “Falta mucho para que llegue un golpe de Estado”, dice el alférez de navío.

Una de las razones es que desde hace algunos años el proceso de politización de los cuarteles ha aumentado. Ya en 2012 el vicealmirante retirado Jesús Briceño García, excomandante general de la Armada, consideraba que se estaba aplicando un formato militar comunista, generando nuevas jerarquías y complicando la estructura piramidal. Se refería a la creación de los rangos mayor general y general en jefe, que sirvieron para premiar lealtades políticas.

En 2012 la tropa fue calificada de “chavista” y se aprobó incluirlo en el saludo protocolar del Ejército. En 2013 los soldados comenzaron a ser llamados “hijos de Chávez”. En 2014, el actual ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, declaró que los militares “somos políticos”. Y en 2015 los juramentos de graduación incluyeron la construcción del socialismo del siglo XXI. ¿Qué tanto los privilegios y la politización garantizarán la lealtad militar a Maduro? Esa pregunta no tiene respuesta, al menos, como dijo Chávez tras su golpe fracasado de 1992, “por ahora”.

 

 

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