• Pablo Lucio Paredes

    Pablo Lucio Paredes

  • Mario Ruiz

    Mario Ruiz Jaramillo

  • Pablo Martin Lucio Predes

    Pablo Martín Lucio Paredes

  • Migue Ruiz Granja

    Miguel Ruiz Granja

martes 22 de agosto del 2017

Nosotros presentamos ambos lados … escoge el tuyo!

¿El cambio de estilo es cambio de fondo?

 

¿Un ‘nuevo estilo’?

El “nuevo estilo” proclamado para gobernar me parece ingenuo. Es imprescindible un cambio de rumbo, de procedimientos y de objetivos. Es una imperiosa y urgente necesidad histórica.

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El prematuro optimismo que han expresado algunos sectores ciudadanos por la proclamación de un “nuevo estilo” para gobernar me parece ingenuo: más importante y trascendente es un cambio de contenido. El país ha soportado, durante los últimos diez años, la imposición arbitraria y antidemocrática de un proyecto político cuyos representantes continuarán en el poder. El cambio que se requiere no debe ser superficial: chistes de mal gusto en lugar de insultos, un supuesto respeto en lugar de la descalificación o la apertura a un diálogo infructuoso en lugar de la intransigencia. Todo lo contrario: es imprescindible un cambio de rumbo, de procedimientos y de objetivos. Es una imperiosa y urgente necesidad histórica.

¿El estado de derecho, arrasado por la llamada ‘revolución ciudadana’, tendrá plena vigencia? ¿Tendremos un gobierno que se regirá por la ley, la respetará y no la manipulará para defender sus intereses coyunturales? ¿La ley no seguirá siendo un medio para dejar en la impunidad los actos de corrupción y para limitar y coartar los derechos y las libertades de los ciudadanos? ¿Las funciones del estado gozarán de la independencia garantizada en la Constitución o seguirán siendo parte de un poder único, concentrado y hegemónico? ¿La Constitución, calificada con miopía y cursilería como “un canto a la vida”, que en realidad ha sido un instrumento de un poder autoritario, será reformada?

¿La Asamblea recuperará sus atribuciones, será independiente, fiscalizará y legislará por propia iniciativa? ¿La Corte Constitucional se convertirá en defensora de la constitucionalidad o seguirá sometida a los intereses del poder? ¿Los órganos de control cumplirán su misión? ¿La administración de justicia, degradada por la arbitraria, abusiva e inconstitucional injerencia del Consejo de la Judicatura, gozará al fin de independencia? ¿Los jueces, subordinados y obedientes, dejarán de cumplir “directrices” y actuarán respetando la ley? ¿La Fiscalía actuará con diligencia sólo en defensa de los intereses del poder? ¿Los organismos electorales serán integrados con pluralidad y actuarán con imparcialidad?

¿Disminuirá el tamaño del estado y el costo asfixiante de una burocracia innecesaria e ineficiente? ¿Se racionalizará el manejo del agresivo e inconsulto endeudamiento, verdadero dogal para futuras generaciones? ¿Se informará a los ciudadanos sobre las condiciones en que ha sido adquirido? ¿El irresponsable, dispendioso e inmoral gasto público no continuará y, por tanto, se impondrá una política de austeridad? ¿No habrá nuevos impuestos? ¿Se combatirá implacablemente la corrupción y los funcionarios públicos, comenzando por el nuevo gobernante, informarán sin ocultamientos y con claridad sobre sus actos? ¿El poder responderá estas preguntas, y muchas más, con la verdad? ¿Habrá, en realidad, un cambio?

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:
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¿Importa el estilo?

El cambio de estilo tiene dos rostros: uno inofensivo, solo de fachada para que todo siga igual, y otro sumamente conflictivo, donde puede desatar chispas hacia adentro de Alianza PAIS y hacia fuera en la relación del nuevo gobierno con la sociedad. 

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Lenín Moreno ha repetido ya en muchas ocasiones que su estilo será diferente al de Rafael Correa. Más allá de insistir en la idea de la mano tendida y de que viene otra época para el Ecuador, no sabemos bien en qué puede consistir ni las implicaciones y alcances del nuevo estilo.

Los más escépticos creen que el cambio de estilo es una concesión menor de Alianza PAIS frente a los giros urgentes que se requieren para salir del modelo autoritario de la revolución ciudadana. ¿De qué sirve una persona amable, que no insultará a sus rivales, si las instituciones del sistema político –todas, sin excepción– seguirán controladas por personajes entregados al correísmo? ¿De qué servirá un presidente bonachón si en su gabinete estarán –según se anticipa– personajes de una militancia ideológica esencialista y dogmática, que encarnan no la apertura sino la intransigencia política? ¿Qué nos garantizará elecciones limpias, transparentes, si en el Consejo Nacional Electoral seguirá el mismo señor Pozo? Más aún, ¿de qué cambio de época habla Moreno si tiene como vicepresidente nada más y nada menos que a Jorge Glas? Los escépticos tienen razón de poner en duda la importancia del cambio de estilo cuando se limita a las maneras personales pero no a una reorientación de políticas ni a una reforma que desmonte el autoritarismo institucionalizado. En estos días de transición hemos visto cómo el nuevo Gobierno hereda un aparato gubernamental perfectamente montado, que incluye enroques estratégicos de personajes muy conocidos. Por ejemplo, el jefe de seguridad del aparato autoritario será presidente de la Asamblea Nacional. ¡De espanto!

El cambio de estilo de Moreno se dirimirá en dos escenarios: hacia dentro de Alianza PAIS, donde las presiones por la continuidad serán mucho más fuertes que las posibilidades de cambio; y hacia la sociedad, de donde surgirán las mayores demandas de giros. Se dilucidará entre la continuidad ideológica y los afanes de profundizar la revolución ciudadana –allí están las 12 nuevas revoluciones que propone el plan de gobierno– y la mano tendida hacia la sociedad anunciada por Moreno.

En el contexto de la transición, el cambio de estilo supondría reemplazar la confrontación como eje de la dinámica política por la concertación. Si ese cambio de estilo se da, pues bienvenido, implicará abandonar el antagonismo y la lógica amigos / enemigos por una visión más compleja y plural de la realidad. Sospecho, sin embargo, que en ese terreno Moreno tendrá oposiciones desde adentro del movimiento, de los correístas y los socialistas del siglo XXI. Si el cambio de estilo implica tender puentes y abrir el diálogo con la sociedad, pues tendrá que sentarse a negociar una amplia agenda de reformas con todos aquellos sectores –la lista es larga– a quienes la revolución impuso a patadas sus orientaciones de política pública. Allí hay un germen de conflictividad enorme para el nuevo Gobierno. Abrirse al diálogo llevará a tocar un nervio sensible de la transición: el legado del correísmo, que es, como hemos podido palpar, incuestionable e intocable.

El cambio de estilo, como se puede ver, tiene dos rostros: uno inofensivo, solo de fachada para que todo siga igual, y otro sumamente conflictivo, donde puede desatar chispas hacia adentro de Alianza PAIS y hacia fuera en la relación del nuevo gobierno con la sociedad. ¿Importa el cambio de estilo? (O)