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    Miguel Ruiz Granja

miércoles 28 de junio del 2017

Nosotros presentamos ambos lados … escoge el tuyo!

¿Tenemos la tecnología para el dinero electrónico?

 

¿Es el ‘blockchain’ regulable?

Hoy no existe ninguna aplicación de blockchain —excepto bitcoin— funcionando en la práctica. La regulación de blockchain, en los servicios financieros, tendrá que esperar.  Es necesario establecer un marco jurídico en el que se defina su naturaleza legal , incluyendo las jurisdicciones y leyes aplicables, así como de quién es la responsabilidad en caso de error o mal funcionamiento. 

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Si hay un tema de moda en el terreno de la banca digital este es sin duda el blockchain (cadena de bloques). Las potenciales aplicaciones de este registro de información seguro y distribuido —sin necesidad de un intermediario de confianza— están siendo analizadas por la mayoría de bancos del mundo. Y aunque hoy no existe ninguna aplicación —excepto bitcoin— funcionando en la práctica, no cabe duda de que para ciertos procesos bancarios puede ser una potente herramienta para aumentar la eficiencia. Además, sus características de inmutabilidad, transparencia y automatización mediante smart contracts pueden ser la base para negocios digitales totalmente nuevos.


Sin embargo, como en toda nueva tecnología, hay diversos factores que van a influir en su adopción masiva. Uno de los más relevantes es el modo en el que se va a regular, teniendo en cuenta que una tecnología, per se, no es objeto de regulación, sino sus diferentes usos. En el caso de blockchain, la fase exploratoria en la que estamos hace aún más complicado acometer su regulación.

Siendo bitcoin el único caso de uso activo en el mundo real, el debate regulatorio inicial se ha enfocado hacia este terreno. En el ámbito de la Unión Europea, el primer paso fue armonizar la fiscalidad de las transacciones, puesto que en unos países bitcoin era considerado dinero digital y en otros, una commodity cuya compraventa estaba sujeta a IVA. En octubre de 2015, el Tribunal Europeo de Justicia dictaminó la exención de IVA en las transacciones con bitcoins, y, por lo tanto, se considera dinero digital.

El siguiente paso ha abordado la prevención del uso de bitcoin para fines ilícitos, como el lavado de dinero o la financiación del terrorismo. En este sentido, la Comisión Europea propuso en julio de este año incluir a los proveedores de servicios de custodia de wallets y las plataformas de cambio de criptomonedas en la Directiva Anti-Lavado de Dinero para evitar el intercambio anónimo de bitcoins.

La regulación de otros casos de usos de blockchain, que tendrán un mayor impacto disruptivo en los servicios financieros, tendrá inevitablemente que esperar. Sin embargo, existen cuestiones comunes a todos los casos y derivadas de las singulares características de blockchain, que deberían abordarse cuanto antes. Así, la naturaleza global y distribuida de blockchain hace necesario establecer un marco jurídico en el que se defina su naturaleza legal , incluyendo las jurisdicciones y leyes aplicables, así como de quién es la responsabilidad en caso de error o mal funcionamiento. Por otra parte, su inmutabilidad abre el debate sobre su reconocimiento como "fuente única de verdad" infalsificable, la validez legal de los documentos almacenados como prueba de posesión o existencia, o el reconocimiento de los smart contracts como acuerdos legales coercitivos.

 

 

¿Hacia un mundo sin billetes?

Según diferentes estudios crear dinero digital intercambiable de forma anónima entre iguales y sin intermediarios, como los billetes, era técnicamente imposible; sin embargo, la tecnología blockchain (que combina registros de información distribuidos y criptografía, permitiendo transacciones directas entre iguales) facilita estos esquemas. 

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Recientemente diversos estudios están explorando la posibilidad de emisión, por los bancos centrales, de monedas virtuales similares al bitcoin que puedan reemplazar a los billetes. Hasta ahora, crear un “efectivo digital” intercambiable de forma anónima entre iguales y sin intermediarios, como los billetes, era técnicamente imposible. Sin embargo, la tecnología blockchain (que combina registros de información distribuidos y criptografía, permitiendo transacciones directas entre iguales) facilita estos esquemas.


El uso de blockchain permite modificar ciertas características del efectivo: se puede limitar su circulación a un universo restringido (frente al carácter universal de los billetes); identificar a los tenedores (en contraposición al anonimato del efectivo); o introducir el pago de intereses (frente al valor nominal fijo de los billetes). Las propuestas existentes persiguen diversos objetivos: agilizar los sistemas de pagos interbancarios mayoristas, sustituir parcial o totalmente al efectivo (y reducir así sus costes de informalidad, ocultación fiscal y facilidad para actividades delictivas), aumentar la capacidad de las políticas monetarias para fijar tipos de interés negativos y reducir la probabilidad de crisis bancarias.

Hay cuatro modalidades de monedas virtuales de bancos centrales, que se corresponden grosso modo con esos objetivos: para pagos interbancarios, con una moneda restringida, identificada y sin intereses; como sustituto del efectivo, con una moneda universal, anónima y sin intereses; como herramienta de política monetaria, manteniendo el anonimato e introduciendo el pago de intereses; y como alternativa a los depósitos bancarios, de manera que toda la población tenga un depósito identificado en el banco central.

Los análisis de los bancos centrales se han centrado hasta ahora en las dos últimas opciones, las más disruptivas. Pero ambas plantean problemas. Por un lado, la implantación del pago de intereses aumenta la capacidad de las políticas monetarias frente a situaciones deflacionistas, pero la legitimidad de los bancos centrales podría verse cuestionada por políticas de represión financiera que entran en el terreno de las políticas fiscales.

Por otro lado, la creación de depósitos en el banco central para toda la población implica una separación entre medios de pago y provisión de crédito, cuyas implicaciones para la conversión del ahorro en inversión no son obvias. Puede incrementar la estabilidad financiera, ya que reduce la probabilidad de crisis bancarias, pero no está claro qué mecanismo alternativo transformaría los depósitos a la vista en crédito a medio y largo plazo.

Las ventajas de los esquemas menos ambiciosos son claras en eficiencia y costes. Pero el balance entre beneficios y riesgos de las variantes más ambiciosas es incierto, lo que aconseja un planteamiento gradualista, comenzando por la implantación de una moneda virtual para pagos mayoristas y valorando el avance controlado hacia variantes más disruptivas.